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Mente retorcida (Thomas)

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Mente retorcida (Thomas)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 31, 2011 2:17 pm

Aburrida, sola e indiferente; tres palabras y un mismo concepto yo. Me hallaba en la sala común haciendo... nada o quizás es que no tenía ningún interés en hacer algo, daba igual daban el mismo resultado. Lo curioso es que siempre me daba igual, indiferencia total pero quizás debería haber salido a divertirme un rato pues no tenía intención alguna de acudir a transformaciones. Era una acuerdo mutuo, los profesores no me soportaban a mí ni yo a ellos. No tenía ninguna excusa para no haber ido a clase y seguramente mi hermano mayor Andrew, al que tanto adoro (notese mi sarcasmo) me arrinconaría después para darme una charla de la responsabilidad de ser una buena estudiante, por suerte en la sala común no tenía que aguantar a nadie; mi hermano era de Gryffindor, mis compañeros de casa me conocían lo suficiente para saber que nunca me tendrían que molestar y los profesores.... como dije, el acuerdo perfecto.

Me concentraba en la lectura que tenía. Puede que no tenga mucho interés en estudiar pero no soy idiota como algunos de mis compañeros, al menos yo sé leer. De todas formas, ya estaban planeando otra broma para los Ravenclaw y otra para los Gryffindor. La última casa era la que más les molestaba y nadie sabía muy bien porque, incluso yo lo desconozco aunque me atraiga la idea de reírme un poco de ellos. Pero yo me río de todo el mundo y eso no es nuevo. Soy borde, sí ¿algún problema? Pues no. Se resumía de esa forma.

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Re: Mente retorcida (Thomas)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 31, 2011 10:36 pm

Golpeaba con su pie el suelo, mostrando su impaciencia. En la puerta de la oficina del director, Thomas y los demás prefectos de Slytherin esperaban a ser atendidos. A lo lejos vieron llegar a los prefectos de Gryffindor pertenecientes a sexto y séptimo, pues los de quinto habían quedado excluidos de aquella reunión. Thomas frunció el ceño y sus compañeros no tardaron en expresar su descontento con gruñidos y gestos de desdén. Los leones caminaban dándose empujones, riendo y jugando, mientras las serpientes se mantenían con postura impecable y rostro impasible en la puerta. Los Gryffindor llegaban tarde, los Slytherin eran más que puntuales. Thomas se cruzó de brazos e intercambió miradas con cada uno de ellos, el prefecto de séptimo lo saludo con un simple «hola», por compromiso, a lo que él respondió con un leve asentimiento de cabeza. ¿El objetivo de aquella convocación? Nadie allí lo sabía y era eso lo que lo impacientaba. Odiaba no saber las cosas, pues en la ignorancia perdía el control de la situación. La puerta se abrió y finalmente los dejaron entrar. Estaban allí los jefes de las respectivas casas y el director. No tardaron en ir al grano, eso era lo que a él le gustaba. Nada de rodeos o cavilaciones. Al parecer, la razón por la que le habían hecho perderse su clase de transformaciones era la rivalidad que crecía entre las dos casas. Siempre había existido una guerra no tan silenciosa entre leones y serpientes, pero las bromas pesadas y crueles que se hacían iban tomando cada vez más gravedad. Les pidieron a los prefectos que intentasen controlar a sus compañeros. Thomas creyó que le tomaban el pelo, pero no lo expresó en voz alta. Se retiró de allí con la promesa vacía de que hablaría con sus compañeros de clases, pero sabía bien que no lo haría. Los Gryffindors en su mayoría eran molestos, ruidosos y estúpidos, podría decirse que se buscaban esas bromas en las que rara vez él participaba.

Los otros prefectos de Slytherin salieron detrás de él diligentemente, todos con el rostro inexpresivo y la boca cerrada. Aún así, el buen observador hubiera notado que en sus ojos brillaba su satisfacción ante el regaño que se habían llevado más que nada los Gryffindor por no saber controlarse. En los prefectos de sexto, había una sonrisita de satisfacción que no se podría borrar. Detrás de ellos, los leones, salieron refunfuñando y con el ceño fruncido, ellos se habían llevado la peor parte por ser los más revoltosos. uno de ellos, al salir, le dio un leve empujón a Thomas, el cual no necesitó palabras, ni siquiera devolverle el empujón: al león le bastó con ver su mirada para saber que no era sabio repetir esa acción. No era de enojarse fácil, pero si lo buscaban, lo encontraban. Según el reloj, la clase de Transformaciones iba a la mitad y él tenía la justificación del director para volver a ella, pero no tenía ninguna intención de hacerlo. Estaba cansado, y no se sentía de humor para ir a clases por el resto del día. Su único deseo era relajarse con un buen libro y distenderse.

La biblioteca parecía un lugar tentador, casi idílico, pero en cuanto vio a los leones dirigirse hacia allí estuvo obligado a tomar otro rumbo. Vagó por pasillos y escaleras sin rumbo alguno, hasta que decidió ir al único lugar en el que se sentía realmente cómodo: la sala común de su casa. Caminó por las mazmorras pasando su mano derecha por las paredes de piedra ya añejas. Intentó imaginar lo que dirían esas paredes si pudieran hablar, serían historias dignas de escuchar, incluso increíbles, más parecidos a un mito que a una realidad. Se preguntó también cuánto esas paredes habrían presenciado: peleas épicas de personajes históricos, amores, desamores y mucho más. Deseó poder comunicarse con ellas, tan sólo para satisfacer su curiosidad, su anhelo de siempre querer saberlo todo.
Al entrar en la sala común ni siquiera miró a su alrededor, corrió a su habitación en busca de un libro y cuando bajó fue cuando se dio cuenta de que no estaba solo. Una muchacha de gran belleza se encontraba leyendo en el único sillón que recibía la luz y el calor de la estufa a leña.
Espero sepas disculpar mi interrupción, pero mi preferencia de leer frente al fuego me obliga a sentarme aquí ▬dijo con diligencia y caballerosidad, sentándose en el otro extremo del sofá y abriendo su libro, con intención de no molestarla demasiado.

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Re: Mente retorcida (Thomas)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 01, 2011 10:33 am

La lectura no le interesaba demasiado, y no le prestaba atención, se dedicaba a observar un motón de letras que no conseguían adquirir sentido alguno, solo se arremolinaban en la página y se emparejaban con otras. O quizás es que ya había empezado a delirar en sus pensamientos y esa teoría le parecía más probable. La estufa calentaba el pequeño sitio que ahora ocupaba, siempre sentada en el sillón alejado de los demás procurando ignorar a lo que la rodeaba y concentrarse solo en las ardientes lenguas de fuego que lamían con fuerza la madera que ya había adquirido ese tono ennegrecido muy parecido su tono al de los pasillos de la escuela por la noche, vacío y frío. A veces, paseaba por la escuela a altas horas de la madrugada porque padecía insomnio o bien había vuelto a despertarse bruscamente debido a aquella pesadilla oscura que hacía tiempo que no tenía. Alguna vez que otra los prefectos la habían pillado, quitando puntos a su casa. Los compañeros le dedicaban esas miradas que la atravesaban y fulminaban pero ninguno le replicaba nada, estaban un poco atemorizados por su reacción. Ellos sabían de sobra que ella no se andaba con juegos, y le quitaba importancia al principio para luego vengarse de ellos donde más les dolía. La gente de Slytherin empezó a llenar la habitación provocándole algo de claustrofobia, ya había acabado su proceso de relajación y nada le irritaba más que le arrebataran su único momento del día en el que se sentía por fin tranquila. La gente que la conocía, no muy profundamente y era escasa debido a que Electra no tenía una agenda demasiado apretada, solo dijo su nombre, agachó la mirada y se fue a reunirse con el resto. Ella apenas les dedicó alguna mirada y mucho menos alguna palabra para asegurarles que no estaba enfadada con ellos. Lo que les asustaba a ellos y a ella le parecía divertido. Sí, era ciertamente sádica pero no se podría decir que lo era completamente. A Electra no le gustaba que la gente sufriera físicamente pero en lo referente a su mente, le gustaba jugar con ella, era un pasatiempo realmente divertido. Ver su confusión, su miedo, su envidia e incluso su admiración le provocaban que fuera más prepotente de lo que ya era.

Suspiró pero no desvió la vista de su "lectura" si es que se le puede otorgar tal nombre. Un Slytherin al que jamás había visto se sentó al otro lado del sillón. Lo miró confundida pues nadie se había cercado a ella, por miedo o por que ella no se lo permitía. Se recompuso enseguida, enarcó una ceja y con voz distraída e indiferente respondió- Haz lo que te plazca, no es que me importe mucho la verdad- no tenía ganas de discutir pero la idea de enojar o confundir al chico que se sentaba a su lado resultaba atrayente- Pero hazme el favor de no acercarte demasiado.- Puede que estuviera tentando demasiado al destino.

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Re: Mente retorcida (Thomas)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 01, 2011 3:28 pm

Luego de pronunciar aquellas palabras, Thomas se enfrascó en la lectura sin prestarle atención a nada más. El rumor de las voces comenzó a llenar el ambiente, anunciándole que la hora de Transformaciones había acabado al igual que su oportunidad para obtener un poco de tranquilidad. Suspiró pero no despegó su mirada del libro, aunque por el rabillo del ojo pudo notar las miradas que el resto de sus compañeros le daban a aquella muchacha. Mientras a Thomas lo saludaban con respeto, incluso con admiración, los demás evitaban a la muchacha, le temían, como si ella tuviese una enfermedad contagiosa. Y en cuanto escuchó su réplica, supo porqué la evitaban. «Tan original» pensó con sarcasmo. No era la primera ni la última Slytherin que intentaba jugar el papel de la chica mala. En la opinión de Thomas, esa actitud era patética, faltarle el respeto a las personas por demostrar que eres superior sólo te hace inferior. A él lo tachaban de borde por ser indiferente y directo, pero muy pocas veces por ser descortés con los de su propia casa. Él debía añadir seguidores a su causa, no transformarse en un repelente de personas.

Cerró su libro con suavidad y esbozó una leve sonrisa, algo sarcástica, mientras clavaba sus ojos azules con expresión glacial en la muchacha.
▬Tu tono es descortés, tendré que pedirte que me trates con el mismo respeto que yo te traté a ti. No creo haber hecho nada para ganarme ese tipo de respuesta de tu parte ▬pronunció cada palabra con tranquilidad, sin borrar su suave sonrisa y en un tono tranquilo y pacífico. Habiendo dicho eso, volvió a abrir su libro y se concentró en él. Escuchó unas risitas femeninas en una esquina, que provenían de un grupo de chicas que observaban la situación divertidas. En cuanto levantó su mirada hacia ellas, se ruborizaron al instante. Él solía tener ese efecto en las estudiantes menores, podía decirse que tenía una larga lista de fanáticas, principalmente de sexto y quinto. Ellas lo veían como aquel muchacho inalcanzable, principalmente por el aura de misterio que él emitía y aquella caballerosidad que siempre mostraba.

Nunca le había dado una chance a ninguna de sus «seguidoras» y las muchachas que lo habían cautivado en Hogwarts estaban contadas con los dedos de una mano. Aún así, por una razón u otra, Thomas las había dejado en el olvido. No era de crear lazos afectivos con nadie y si mostraba verdadero interés en una persona, era tan sólo para satisfacer su curiosidad, para conocer quién había detrás de aquella fachada. Una vez que la persona se abría con él y demostraba su verdadero interior, Thomas se alejaba, pues su curiosidad ya se encontraba satisfecha. Nunca se había enamorado, ni siquiera había llegado a querer a ninguna de ellas. Aquello no era tanto por su negación a hacerlo, sino que jamás había conocido a la chica capaz de cautivarlo en todos los aspectos y mantenerlo así, cautivado, queriendo más y más de ella. Una parte de él quería enamorarse, tan sólo para saber cómo se sentía aquello que todos buscaban por toda su vida, todo el mundo decía que el amor traía la felicidad. Nunca había experimentado el amor, el afecto, el cariño. Para él, eran estupideces, era lo que las personas buscaban cuando no podían conseguir algo mejor, como el poder. Pero su afán por el conocimiento en ocasiones lo llevaba por caminos que no eran recomendables.

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Re: Mente retorcida (Thomas)

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 02, 2011 9:26 am

Le sorprendió aquella fría indiferencia que emanaba aquel muchacho que se centraba concienzudamente en su lectura. No había muchas personas que se dignaran a contestarla de aquella manera. También pudo darse cuenta de las reacciones de los estudiantes hacia él. Lo miraban con admiración y algunas con envidia, quizás se tratara de otro estudiante intentando llamar la atención. Pero le daba igual. Lo miró divertida por su curiosa respuesta- Supongo que tienes razón- no estaba dispuesta a disculparse. Volvió a mirar el fuego evitando mantener una conversación, y manteniéndose al margen como siempre. Escucho unas risitas al fondo de la amplia y cómoda estancia. Un par de alumnas se reían tontamente y comentaban en susurros entre ellas, mientras miraban al desconocido. Genial, no quería relacionarse con el estudiante que tenía locas a la mitad de su casa. Suspiró y no pudo evitar soltar una baja risita de burla. Es que ellas eran tan predecibles, tan solo enseñarles una cara bonita y ya caían rendidas a los encantos del muchacho en el que hubieran centrado su atención. Y no podía decir que el chico que tenía al lado no fuera lindo, pero a ella no le gustaba hablar con las demás chicas sobre: "Qué muscúlos tiene". No, nunca había tenido esos pensamientos acerca de alguien. Tal vez algún estudiante le hubiera llamado la atención pero no había pasado de eso, una simple atención. Solo una pequeña conversación en la que no se había implicado mucho, ella tenía sus propias reglas para la gente. Los solía añadir a categorías para luego no confundirse con las diversas personalidades. Seguramente hacían lo mismo con ella, pero le seguía siendo indiferente. Sería demasiado hipócrita enfadarse por eso si ella hacía lo mismo.

Las conversaciones empezaron a fluir por la habitación provocando que ella se impacientara más de lo que estaba. Volvió a concentrar su mirada en el libro pero solo acariciando la tapa, no abriendo la primera página. El tacto del libro beige era rugoso debido a su frecuente uso, pero después lo dejo a un lado para centrarse en el Quisquilloso. Le parecía más interesante que la revista "corazón de bruja". Pero en seguida dejó de nuevo el periódico, se había vuelto de lo más monotóno y se estaba ahogando en las paredes de la sala. Caviló la idea de salir algún tiempo a dar un paseo por los terrenos pero siguió inmóvil. En cierto modo, la compañía que tenía al lado no ayudaba mucho. Se sentía incómoda por no haber obtenido la respuesta que quería del Slytherin. Normalmente, no le costaba mucho ejercer ese tipo de reacción en los demás. Estaba acostumbrada a obtener todo lo que quisiera de los demás y aquel comentario desafiante, y a la vez caballeroso, del chico le había irritado. Ella estaba acostumbrada a tener atrapadas a las personas en la fase mental que deseaba.

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Re: Mente retorcida (Thomas)

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